miércoles, 7 de mayo de 2014

Vida

 Podría observar todo el día como funciona el mundo a mi alrededor, dejaría morir mi cuerpo, descansar en un estado de relajación y plenitud espiritual, donde el objeto más insignificante cobra vida, aquel tiene pensamientos, me persigue, me habla, me confunde, se define, me pide aclarar sus dudas.

 Te podría tener en mi cabeza todo el día, divagar paseos, las palabras saliendo de tu boca, imaginar la sensación de tenerte cerca, lo que pasa por mi cuerpo cuando me observas, los nervios apoderándose de cada centímetro de mi piel.

 Hundirme en las atmósfera, dejar que las estrellas me lleven a una constelación diferente, muy distinta a lo que estoy acostumbrado, aprender a mirar de cabeza lo que alguna vez fue un recuerdo lejano de una vida similar a un sueño, acelerando a pasos agigantado hacia la muerte, la que me llevaría a la nada. Ya no recordaría las estrellas guiándome, ni tus ojos al mirarme, ni esa luna que me cuidó un millón de noches, no volvería atrás, no volvería a observar, no podría imaginar, no podría perderme en esos sentimientos perturbadores de las figuras sombrías que alguna vez pasaron por mi mente.