jueves, 23 de mayo de 2013

Amnesia

Se veía a lo lejos el largo sendero que tenía que recorrer, miraba hacia los lados para intentar encontrar algo o a alguien que me ayudara a llegar más rápido, tenía prisa, no dejaba de pensar en como estaría Lucía, la última vez que la vi se veía tan débil, tan frágil, pero a la vez sentía que ella tenía ganas de seguir viviendo, me quedaba como lección, me daba cuenta de que los días van pasando y yo como un estúpido sin hacer nada, sin tener algo por que vivir. Comencé a caminar resignado a que no iba a pasar nadie, de pronto escucho el ruido de un motor que se acerca cada vez más, cuando miro me doy cuenta ya estaba el automóvil detenido a mi lado, sale una voz del auto y me pregunta -¿Donde vas?-, yo algo inseguro le respondo -Voy a la próxima ciudad-, la mujer me examina lentamente y me dice -Sube-, me subí y me senté en el asiento del copiloto, me preguntó no mi nombre yo le dije -Me llamo Juan-, le mentí, -Yo me llamo Antonia, mucho gusto-, la mujer se veía amigable, tenía aproximadamente unos 40 años, vestía ropa juvenil y iba escuchando  música alegre. Me comenzó a hablar y me decía de lo molesto que era que la gente no se ayudara entre si, de lo egoísta que era el mundo de hoy en día, de las pequeñas acciones que podrían cambiar el mundo, no sé como pero la mujer se ganó parte de mi confianza y le conté mi destino, -Yo me dirijo a visitar a una niña que encontré el otro día, iba caminando tranquilamente por la calle, cuando veo a una pequeña llorando desconsoladamente  me acerqué sin dudarlo y le pregunté con quién estaba, ella no me respondía, creo que de principio tenía algo de miedo, pero luego me respondió que estaba perdida, que no encontraba a su madre, que quería irse a casa, yo, por lógica le pregunté donde fue la última vez que la vio y ella me dijo: no lo sé, no lo recuerdo, a mi me pareció extraño, pero yo solo quería ayudar, se notaba algo débil, así que la invité a comer, le ofrecí un helado y aceptó mi invitación sin dudarlo dos veces. Cuando estábamos comiendo ella lo hacía de forma desesperada, así que le pregunté si le gustaría comer otra cosa y me dijo que si. Le pregunté su edad y me dijo que tenía 12 años, le pregunté donde vivía y no me quiso responder, después de tanta insistencia la niña me confesó todo, me dijo que se había escapado del orfanato donde vivía, por los maltratos constantes que sufría ahí dentro, por el abuso de la gente que estaba ahí, me dio mucha pena y ella me pidió que por favor no se lo dijera a nadie, que no le gustaría volver ahí de nuevo. No niego que me sentía en la obligación de ir a buscarle un lugar seguro, pero creo que si confió en mi para contármelo no tengo porqué traicionar su confianza. Le ofrecí ir a dormir a casa de mi hermana, que es donde yo vivía en ese entonces, ella lo dudó por unos segundos, pero luego confió y la llevé a casa, cuando llegué le conté a mi hermana lo sucedido y ella acepto sin dudarlo y así fue como Lucía comenzó a ser parte de nuestra familia. Con el pasar de los años yo encontré una pareja, me casé y seguí mi vida, cada vez se me hacía más difícil volver a casa a visitar a Lucía, la verdad es que me daba cuenta de que ella me necesitaba, pero mi esposa no le gustaba la idea de que me preocupara tanto por alguien con el que no tenía parentesco  pero la verdad es que Lucía era como mi hija.

Un día llegué a casa de mi hermana a visitarlas, a ver como iba todo, pero me encuentro con la sorpresa de que Lucía se había ido hace 1 mes de casa, mi hermana no sabía donde estaba la muchacha, ni donde había ido, me desesperé y salí a buscarla, no sé porqué pero tuve el presentimiento de ir a la heladería donde la conocí, iba a cruzar la calle, cuando miro por medio del inmenso vidrio y veo a Lucía sentada comiendo un helado justo en la mesa que yo se lo invité por primera vez, ella ya estaba por irse, crucé rápidamente para alcanzarla, cuando me vio se llenaron sus ojos de lagrimas, se dispuso a correr y sin mirar el tráfico que había en la calle corrió. Sentí el sonido de los frenos del auto, sentí gritos, sentí culpa, sentí el dolor de su mirada antes de que eso pasara, sentí ganas de salir huyendo, pero sabía que no la podía dejar ahí, me acerqué, corrí a la gente que estaba alrededor presenciando el accidente, la vi ensangrentada, se veía venir rápidamente la ambulancia y comenzaron a subirla a la camilla, como me vieron al lado de ella me preguntaron si era algún familiar, no supe que decir, solo me quedé callado y los paramedicos lo tomaron como un no.- La mujer se quedó callada, entre sus anteojos se notaban las lagrimas que recorrían su cara, detuvo el auto y me dijo que le describiera a Lucía, yo se la describí, tal cual como era Lucía, se quedó callada  por varios segundos, luego me dijo -Vamos hacia el mismo lugar-, en pocos minutos ya estábamos entrando a la ciudad y dirigiéndonos al hospital, cuando llegué la mujer pidió acompañarme, yo accedí, en el camino el silencio se volvió algo incómodo. Llegamos a la habitación donde estaba lucía, estaba conectada a millones de máquinas, no se veía muy bien, pero la mujer comenzó a llorar y yo no entendía muy bien lo que pasaba cuando de pronto me pide que salgamos, me lleva afuera y me dice -Ella es mi hija-, yo quedé casi sin palabras, no podía creer lo que estaba pasando, pero también pensaba en que no era quién para juzgar a esa mujer sabiendo lo que yo le había echo a Lucía, entramos a la habitación nuevamente, los dos le tomamos la manos a Lucía, ella despierta, abre los ojos, llega la enfermera rápidamente y Lucía pregunta -¿Dónde estoy?-, exacto, había perdido la memoria.

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