sábado, 20 de julio de 2013

Victima homicida

Llegué a un sitio lleno de gente desconocida, quizá no eran del tipo de personas con las que me sentía cómoda, pero me sentí en la obligación de quedarme en aquel lugar. Me senté en un sitio, estaba cerca de todos ellos, pero yo me sentía en una isla, me sentía perdida, confundida y extraña. Las sensaciones fueron cambiando a cada instante, pero el sentimiento de soledad no dejaba de existir, siempre estaba presente el que yo no pertenecía a ese sitio. Comencé a beber algunos tragos, poco a poco fui dejando de preocuparme tanto por la gente, poco a poco comencé mi propia fiesta en mi cabeza, divagando como la mayoría de las veces, intentando encerrarme en mi cabeza y así lo hice hasta que me decidí a volver a casa. Cuando iba caminando no me sentía del todo bien, la verdad es que estaba bajo las influencias del alcohol y otras sustancias, riéndome sola de mis pensamientos y jugando a no pisar las líneas, caminé demasiado, pero mi cuerpo aún así no se cansaba, de un momento a otro me comenzó a invadir la sensación de que alguien me estaba siguiendo, quise creer que solo era mi imaginación, pero no. Tal como lo había pensado habían dos hombres caminando atrás de mi, lo más extraño es que se escondían, pero los logré ver sin mirar atrás por el reflejo de sus sombras que se hacían por los destellos del alumbrado que se apagaba a ratos, mi corazón comenzó a latir a mil por hora, no puedo negar que el miedo se estaba apoderando de mi cuerpo y la inseguridad que me producía el no estar el ciento por siento con mis sentidos alerta. Cuando no pude contenerme comencé a correr y como supuse ellos corrieron tras de mi, recordé que en mi bolso siempre tenía una tijera, que mi mamá me hacía llevar a todas partes por seguridad, mientras corría la saqué de mi bolso y la sostuve con mi mano con mi puño ceñido, atesorandola como si fuera mi único aliado, como si fuera mi única esperanza. Mi cuerpo no resistió más y comenzó a ceder poco a poco, corriendo cada vez más lento, estaba todo dando vueltas, estaba en un notable estado de ebriedad, las luces parpadeaban, uno de los hombres aprovecha mi momento de flaqueo y se acerca a mi, la verdad es que no pensé, solo sabía que debía hacer algo, cuando el tipo por atrás coloca una mano en mi hombro, me doy vuelta enseguida y con toda la adrenalina que corría por mi cuerpo le clavé la tijera en los ojos, sentí la viscosidad, vi su dolor, pero el pánico se apoderó de mi, arranqué la tijera y hice lo mismo en el otro ojo, comencé a reír, el hacerlo me producía cierto placer, y así fue como le fui enterrando la tijera en cualquier sitio, hasta que ya sabía que no podía dejar que sufriera así y se la clavé como una estaca en su corazón, el otro hombre horrorizado salió corriendo y yo estaba ahí, riendo, gozando y observando como aquel hombre moría lenta y dolorosamente, pensé que sería una buena idea arrancar algunas partes de su cuerpo, pero ahí fue cuando volví a mi y supe que debía huir, los vecinos del sector de seguro deben haber notado algo de lo que pasó, me puse a llorar y comencé a correr nuevamente, llevándome la tijera ensangrentada, llevándome mis facultades mentales sobrecogidas por mi actuar, pensando en que fue lo que pasó, el miedo comenzó a volver, estaba mareada, asqueada por tanta sangre en mi ropa y en mis manos.

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