Los vientos del otoño se comenzaban a posar en cada rama que estuviera a su paso, los vientos fríos comenzaban a helar las páginas de los libros que se negaban a congelarse, letras corriendo de un lado a otro para evitar que el viento y el frío las despojaran de sus lugares, de las palabras que formaban y conformaban hermosas y mudas melodías escondidas dentro de suaves árboles acoplados uno encima de otro, los cuales si eres capaz de concentrarte y cerrar los ojos por unos instantes puedes escuchar sus melodías que con sigilo y calma te van a relatar historias que te llevarán a lo más recóndito de tu imaginación.
Los suaves cantos del pájaro llegan con una pluma dispuesta a ser escuchada, tintes provenientes de los pulpo más sumergidos llegan a flotar para poder descansar sus tintes y dibujar los escenarios perfectos de lo que el deseo quiere contar.
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