Justo en el comienzo de la tormenta,
insensata es mi posición,
diluida entre el polvo,
mi sentir destruido por el estruendo.
Los primeros temblores llegan,
el ir y venir de tanta ira,
desatada está la consciencia,
mirando caer mis sueños.
La cima del cielo distingo,
estropeado el sendero por la catástrofe,
mis pies a medio camino,
la mente cansada del hielo.
El retrato de mi escalera,
desmesurada de realidad,
sin limitaciones previstas,
la perfecta mentira que me hace caer.
Ese vacío está por consumir,
solo quiere quitar mis latidos.
robarme los suspiros,
dejarme morir al fin.
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