Un lugar seguro,
el sitio perfecto para resguardar mis miedos,
hundirme en su cuerpo,
sentir sus latidos,
mirar el cielo por encima de su hombro.
La vista es hermosa,
desde mi perspectiva,
las estrellas fijas en el cielo,
una oscura pero cálida noche.
Una hora se transforma en un segundo,
me pierdo entre su sonrisa,
sintiendo esa extraña sensación,
de buena compañía.
A veces asustada me siento,
todo va sin mirar tiempo,
quizá no me importa el reloj,
pero aún así me asusta,
herirme como a un mortal sediento.
A la aventura me aferro,
intento obviar el temor,
no existe una ubicación,
solo voy donde me guíe su voz.
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